sábado, 19 de mayo de 2012

EL infarto del alma.





Te escribo:


¿has visto mi rostro en algunos de tus sueños? ¿ aparezco en tus sueños serena o reprochándote por las abrumadoras faltas que contiene el pasado? ¿Sufres al despertar o te entregas a la invasora inconsecuencia. Ah, tu y yo habitábamos unas tierra difusa, con grietas tan profundas que impiden el encuentro. A quien podría decirle que el ángel se niega a llevarme sobre sus espaldas y me desprecia y me abandona  en las peores encrucijadas que presentan los caminos. No hay sombra mas devastadora, mas poderosa que  la que proyecta el vuelo de un ángel. Se que necesito una espada para abrirme camino ahora que la tierra acaba de espesarse. Podría confesar en este mismo instante, que cuando te vi lejano quise que la intransigente tierra te cegara. Imagine una muerte digna de tu altura, llegue a pensar que mi propia mano se haría vengativa ¿con que derecho hubiste de torcer el curso de mi mano?. Pero nada de eso permanece, hoy solo espero que el ángel me lleve trepada en su espalda. Quiero que el ángel se curve en mi peso y sude y se maldiga por el abyecto trabajo de cargar mi humano cuerpo. El ángel siempre vocifera  escudado en la impunidad que les otorga su pureza. No te imaginas lo que es vivir con la voz de un ángel que te impreca todo el tiempo y te dice que no seras, que no seras, que no seras amada. Que no seras amada te dice la voz inquisitiva del ángel y me confunde y no cumple la tarea de elevarme.








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